Aquest partit va trencar definitivament el sostre de cristall de l’esport femení. Arribava una nova generació, a les portes de la II República, i tot començava a canviar. Veiam què deia la premsa madrilenya l’endemà:
10/12/1928 El Heraldo: “LA EXHIBICIÓN DE BASKET-BALL FEMENINO DE AYER EN MADRID. “Ayer mañana, en el Stádium Metropolitano, y ante gran concurrencia de curiosos, se hizo una exhibición de este deporte por los equipos Federación Universitaria Escolar, capitaneado por la Srta. Carmen Caamaño, y el Real Madrid F. C. dirigido por la Srta. Mercedes Bolívar. Resultó vencedor el primero de los citados equipos al apuntarse 15 tantos a 0, marcados por las Srtas. Caamaño, Callao y Villalba.”

10/12/1928 La Nación, p. 1 “El baloncesto es un deporte airoso y bello, sobre todo practicado por mujeres. No tiene las actitudes agobiadas del “hockey” ni los gestos violentos y trágicos del balompié. El baloncesto tiene algo de danza rítmica, obliga a un constante erguimiento; los brazos y la cabeza, perennemente elevados al cielo, en actitud clásica, como de ofrenda. Ayer se ha celebrado, por primera vez en Madrid, un partido público de este deporte, entre los equipos femeninos del Madrid y de la Federación Universitaria.”

10/12/1928 La Voz, p. 3 “El encuentro de “Basket-ball” entre muchachas celebrado ayer en el Stadium. A las modistillas no les gusta la indumentaria. El equipo femenino del Madrid, o un grupo en mármol. Las destreza de las universitarias. Evocaciones helenísticas. Un juego de Hombres. Reconozco que a los profesionales, a los técnicos, y aun a los buenos aficionados deportivos, esta ligera impresión acerca de un partido de “basket-ball” por lindas muchachas les parecerá algo anacrónico, desplazado, sin justificación. El deporte femenino es antiguo. Puede que tengan razón. Pero por eso se inserta en otra página del periódico, sin el aire de una crónica de deportes, sin crítica ni alusiones técnicas…

A nosotros nos interesa simplemente el hecho: que diez chicas de hoy, distinguidas, encantadoras, sin obligación alguna, puro “amateurismo”, se lancen a un combate más o menos violento, en presencia de miles de espectadores que pueden manifestarse con toda libertad de crítica. Diez mujercitas seleccionadas, que representan, por tanto, a centenares de su sexo, y capaces de volver a encarnar aquellas diosas helénicas que derribaban por tierra a los gigantes. La vuelta a Lo clásico. O, como quien dice, una verdadera novedad.

Ocurrió el hecho en el Stádium, bajo un cielo plomizo y amenazador, y en pleno reinado de Eolo. El peine de la Sierra de Guadarrama dejaba pasar entre sus púas la presión helada del aliento de Bóreas.
Surgieron las amazonas al combate, originalmente ataviadas. Las universitarias, con camiseta roja, a media manga; falda-pantalón azul marino, media color carne y zapato blanco. Recogían sus cabelleras, algunas, con una guirnalda roja rematada en pomposo lazo… Las luchadoras del Madrid F. C. lucían camiseta blanca, un pantalón también blanco, con franja negra, y calzado del mismo color. Estas llevaban, suelta al viento, la melena moderna. Los fotógrafos, a guisa de escultores, colocaron a las muchachas como para un grupo timpánico de templo griego. Una fotografía. Varias luego. La innata coquetería femenina dejaba hacer.
El comentario público era diverso y divergente. A unas modistillas lea parecía bien el espectáculo y mal la indumentaria. A un grupo de deportístas les placía más el uniforme blanco, porque daba la impresión dé una composición escultórica en mármol.
El celo masculino veía en estas del Madrid bellas redondeces de mujer; la curiosidad femenina advertía más elasticidad, más espíritu en las siluetas gráciles, de efebos, que ostentaban las muchachas estudiantes; todas de mayor estatura…

Digamos los nombres de las heroínas: La Federación Universitaria Escolar presentaba: Carmen Caamaño (capitana), de Filosofía y Letras; Carmen Canals, de Filosofía y Letras; Pepita Callao, de Filosofía y Letras; Pilar Villalba, del Instituto-Escuela, y Adelaida Muñoz, de Medicina.
El Real Madrid presentaba: Mercedes Bolívar (capitana), María ds las Nieves González, Ramona Crespo, Cristina Mariné y Odette Rousell. Actuaba de arbitro D. Joaquín Infante.

Y comenzó la enconada lucha. Confesamos desconocer con detalles la técnica del juego del “basket-ball”. El fin a conseguir es que una pelota como las de balompié vaya a introducirse por un cesto circular situado a unos dos metros de altura. Se ha de lograr ésto impulsando la pelota con las manos. Claro es que un grupo intenta la realización del objetivo y otro trata de obstaculizarlo. Parece que la pelota puede arrebatarse de las manos de quien la lleva, puesto que no puede avanzar así con ella más de tres pasos. Eran las jugadores escolares más rápidas y más diestras. En vano las del Madrid trataban de oponerse, sin conseguir otra cosa que caer al suelo y hacer que cayese también la enemiga.
¡Gracioso cuadro! Los combates de Hércules o Aquiles con el león Nomeico no tuvieron igual ardor. Sobre el fondo verde, de hierba, del campo eran las jugadoras, al caer, mitológicas oceánidas debatiéndose con Ias olas. Gentiles escorzos, actitudes de Diana, vuelos de Nice, musas en danza…
En tanto el pueblo, situado en la gradería, exteriorizaba su entusiasmo y animaba a las vencedoras, acogiendo con júbilo y aplausos cada uno de los “goals”. A una caída violenta, brazos y piernas por el aire—la indumentaria, discreta, apropiada, hurtaba el mal pensamiento—, seguía un avance y una reacción desesperados. Las melenas al aire embellecían las figuras.

El espectáculo era grato y era bello. Terminó el encuentro con la victoria de las universitarias. Ellas y sus enemigas recibieron el beneplácito general. A cada capitana se le entregó un monumental ramo de flores, en el que creemos no faltaría el simbólico laurel.

El espectáculo satisfizo al público. Las muchachas salieron del campo aureoladas de simpatía. Fueron a su ducha, a tomarse un baño, a volver a ser mujeres. Y al salir, sin afeites, sin humo negro en los ojos ni rojo sangre en los labios, las caras rosadas por el ejercicio, los músculos elásticos, la figura gallarda, eran tales féminas; pero naturales, sencillas, puras, con un aire de más castidad, por ejemplo, que otras cuantas de gesto equívoco, rencorosas, no sabemos por qué, que apostillaban el encuentro con palabras censurables…”

11/12/1928 El Sol, p. 3 “BALONCESTO. La primera exhibición en Madrid. Resultó interesantísimo el festival organizado el domingo en el Estadio Metropolitano por el Athlétic Club y la Federación Universitaria Escolar. Asistió mucho público, a pesar de lo desapacible de la mañana. A las once, y bajo las órdenes de D. Joaquín Infante, salieron al campo los equipos femeninos do baloncesto (“basket-ball”), formando como sigue: Federación Universitaria Escolar.—Señoritas Carmen Caamaño (capitana), Carmen Corriols, Pepita Callao, Pilar Villalba y Adelaida Muñoz. Real Madrid.—Señoritas Mercedes Bolívar (cap.), María de las Nieves González, Ramona Crespo, Cristina Mariné y Odette Rousell.

Desde el saque se nota mayor dominio de balón y compenetración entre los elementos universitarios, lo que, unido a su mayor entrenamiento, les da ligero dominio sobre sus contrarias, a las que vencen por 15 puntos a 0. Los tantos fueron marcados: uno, por la señorita Corriols; tres, por la señorita Villalba; tres, por la señorita Callao; uno, por la señorita Caamaño, éste de'”penalty”, por lo que sólo vale un punto. Los restantes fueron marcados en juego, valiendo dos puntos cada tanto. De las vencedoras destacó la actuación de Pepita Callao, y de las vencidas, la enérgica defensa de las señoritas Mariné y Rousell. Al retirarse del campo los equipos fueron ovacionadas con entusiasmo estas simpáticas deportistas, que demostraron cómo pueden las mujeres cultivar sus energías físicas sin perder nada de su feminidad.”
JMP
