Després de l’andròmina construïda per Joan Oliveres apareix a primers de l’any 1867 pels carrers d’Osca un velocífer model clàssic, que diuen és còpia d’un original parisenc. Dies després el Diario de Reus en fa esment. Aquella primavera és pròdiga amb informacions sobre l’activitat velocipèdica a Bilbao, on possiblement es va crear el primer club ciclista. Començava la “bicicletització”, tot i que molt lentament, a Espanya,
“D. MARIANO CATALÁN, DECANO DE LOS CICLISTAS ESPAÑOLES. El Pedal, periódico que ve la luz pública en Huesca, descubrió que dicha población fué la primera de España que tomó la iniciativa de dar á conocer el invento del velocípedo.
D. Mariano Catalán, fué el que construyó la primera máquina de esta clase en nuestra patria y montó en el velocifero, nombre que dió su constructor, al aparato que aparece en el adjunto grabado, en la noche del 12 de Diciembre de 1867. En el mes de Enero de 1868, construyó dicho señor otra máquina igual á la primera, y en ellas, los Sres. Catalán y Barrio (D. Gregorio) realizaron una excursión á Zaragoza, el día 20 de Marzo de dicho año, excursión que debió ser la primera velocipédica efectuada en España.

Salieron de Huesca dichos señores á las cuatro en punto de la madrugada, montado cada uno en su máquina, saliéndolos á despedir á la carretera D. Domingo del Cacho, hermano politico del Sr. Barrio. Los dos flamantes ciclistas llevaron una marcha lenta, pausada y tranquila, descansando cuantas veces lo creyeron conveniente, en Villanueva comieron y sestearon perdiendo el precioso tiempo de dos horas, y á las cinco de la tarde entraban en Zaragoza por el puente de piedra.
El Sr. Barrio desmontó en las puertas de Zaragoza, y el Sr. Catalán entró montado en su velocípedo recorriendo toda la calle de San Gil hasta llegar al paseo de Sauta Engracia, con grande sorpresa y admiración de los zaragozanos que recibieron con agrado tan especial visita de los oscenses.
Con la misma parsimonia regresaron á Huesca nuestros velocipedistas, sin hacer alardes de velocidad ni de resistencia. Entre los primeros aficionados de esta clase de Sport, figuró nuestro particular amigo, Don Nicomedes Catalán, hermano de D. Mariano, á quien tenemos que agradecer el retrato y las notas que nos han servido para confeccionar este bosquejo de la introducción del ciclismo en España.” (02/01/1897 Heraldo de Teruel, p. 1-2).

Diario de Reus: “Velocífero. Leemos en el «Alto Aragón.» periódico de Huesca: «VELOCIFERO —Ayer y anteayer hemos tenido el gusto de presenciar los ensayos verificados con la máquina carruaje, construida en Huesca á la vista de un diseño tomado del aparato presentado en la Exposición de París con el nombre de «velocípedo» llamado por otros «velocífero.» Ambas palabras son propias del objeto que representan.
En uno de nuestros anteriores números nos hemos ocupado algo detalladamente de tan ingenioso mecanismo, que marcha sobre dos ruedas colocadas en un mismo plano vertical y la una delante de la otra. El ginete ó conductor hace girar alternetivamente con los pies dos manubrios dependientes del centro de la rueda delantera; de este punto parten tambien dos palancas verticales que sobre la circunferencia de ésta se unen, formando una sola palanca terminada en T, y que el ginete maneja con las manos para poder hacer girar a izquierda ó derecha la indicada rueda anterior. Las llantas de las ruedas no tienen más de 4 centímetros de ancho.
El joven que la ensayaba lo hacia anteayer por tercera vez, v con la mayor facilidad imprime al «velocipelo» un movimiento en línea recta ó en zig-zags, y traza perfectamente curvas de 8 a 10 metros de radio. La velocidad con que hemos visto marchar el aparato era próximamente igual á la de un caballo al galope; pero, con mas práctica de la que tiene hasta ahora el que lo ensaya, el «velocípedo» dejará muy atrás a un caballo que marche á todo escape.
Se ve, y apenas se cree: cuando el carruage en cuestión corre á alguna distancia del expectador, se hace este la ilusión de ver a un hombre «sentado en el aire» y que «vuela» a una vara de altura sobre el suelo. En Paris estan muy en boga los «velocípedos» de tres ruedas, cuyo mérito no es, ni con mucho, comparable al del construido en Huesca.
No tenemos noticias de que se haya traído en España ninguno de estos aparatos, que están llamados á «dar de baja» á todos los animales de montar, y Huesca debe estar satisfecha de ser la primera poblacion de la Península en que se han hecho trabajos de este género. El aprendizaje para poder úiilizar como vehículo el velocípedo se consigue en ocho ó diez días solamente.» (18/12/1867, p. 2)

Les primeres excursions aragoneses podien rivalitzar amb les basques: “En Bilbao se han generalizado tanto los velocípedos que à menudo se ven muchos de estos vehiculos que transportan á sus dueños por el campo de Valentín.” 03/06/1868 La Correspondencia de España, p. 3).
“Dicen de Bilbao: «La escursion en velocípedo á las Arenas por varios aficionados á este nuevo medio de locomocion, tuvo lugar el sábado y se pasó alegremente. Diez y siete velocípedos componían el convoy, empleando algunos una hora en el trayecto ó sea solo cinco minutos por kilómetro. Los reclutas tardaron dos horas.»” (21/06/1868 Diario de Reus, p. 2).

Aquell mes a Bilbao la bicicleta despertava, i a alguns això els va posar a pensar en noves aplicacions de l’artefefacte, com a les corridas: “Los anales de la fiestas taurómacas, dice el Irurac-bat revelaran a las generaciones futuras que en la plaza de toros de Bilbao se picó por primera vez un toro en velocípedo y la gloria de esta revolución en el arte de Romero y Pepe Hillo le cabe al maestro velocipedista Villanueva del Campo de Valentín. Bastante numerosa fué la concurrència que esta novedad llevó al circo de Abando la tarde del Domingo, y el público gozó grandemente. El velocipedista picador puso algunes vares, y el becerro que se corrió, muy bonito animal, e hizo pisar tierra varias veces al maestro.” (14/06/1868 La Correspondencia de España, p. 2).
