No he entès mai perquè el rei catòlic Fernando d’Aragó no va reclamar la seva part a la nación castellana de l’expoli americà: “Conviene que salga a luz, para que se entienda el valor de la nación Castellana” (p. 6). Així queda palès a la Historia General de los hechos de los Castellanos en las Islas y tierra firme del mar oceano escrita por Antonio de Herrera coronista (sic) mayor de su magestad de las Indias y de su coronista de Castilla. En quatro decadas desde 1492 hasta el de 1531. Aquest llibre de títol pompós, editat el 1601, és podria considerar el primer Almanac, doncs conté una curosa descripció d’històries i fets cronològics, i també de les distraccions pròpies i les dels envaíts, que coincideixen en un punt: el Joc de Pilota.

El llibre va ser publicat 150 anys més tard al Diario noticioso, curioso, erudito y comercial público y económico de Madrid, els dies 3 i 4 de maig de 1781: “Historia general de los Viajes. Descripción de la Nueva España: La antigua sobriedad no impedía que fuesen apasionados al bayle, y á diversas especies de juegos. Herrera hace una curiosa descripción del juego que se nombraba Tlatchtli, y cuyo uso abandonaron los Castellanos, porque hallaron en él algún riesgo; en esta forma: Llamábase (dice) adonde se jugaba Tlacthtli, que es como en Castilla trinquete. Hacían la pelota de la goma de un árbol que nace en tierras calientes, que punzado, destila unes gotas gordas, blancas, y que muy presto se quaxan; que mezcladas, y amasadas, se paran tan negras como la pez; de aquello hacían pelotas, que, aunque pesadas, y duras para la mano, votaban, y saltaban tan livianamente, como pelotas de viento, y mejor.”
El dia 4 de maig (p. 1-2), descriu amb detall el que observa i el sorprèn, i no sé veure el resultat extrem dels qui diuen que el perdedor moria. Aquí no ho relata, i era i és font primària: És el Moctezuma en persona qui els ensenya el joc, al Cortès i la banda:
“Porque no tenían necesidad de soplarlas, ni jugaban al chazar, fino al vencer, como á la chueca, que es dar con la pelota a la pared, que los contrarios tienen por puesto, ó pasarla por encima: dabanla con cualquier parte del cuerpo por donde les venia más á cuento, ó se arañaban. Y havia apuesta que perdiese el que la tocava, fino con la nalga, ó quadril, que era en ellos gran gentileza. Y á esta causa, para que mas la pelota refurtiese, se ponian un cuero bien tieso sobre las nalgas; podíanla dar siempre que hacía bote, y hacia muchos uno tras otro , tanto que parecia cosa viva. Jugaban en partida, tantos á tantos, y á tantas rayas, una carga de mantas, mas, ó menos, conforme á la posibilidad de los Jugadores. También jugaban cosas de oro, y plumas, y á veces á sí mismos. Era el lugar adonde se jugaba, una sala baja, larga, estrecha, y alta, pero mas ancha de arriba, que de abajo, y mas alta á los lados, que á las fronteras; para jugar major, tenianla muy encalada, y lisa en las paredes, y en el suelo. Ponian en las paredes de los lados unas piedras como de molino con su agugero en medio, que pasaba á la otra parte, por do apenas cabia la pelota, y el que la metia por alli, ganaba el juego; y como por victoria rara, y que pocos alcanzaban , eran suyas las capas de quantos miraban el juego , por costumbre antigua, y ley de Jugadores; y era cosa donosa, que en embocando la pelota, la gente, por salvar las capas, daba á huir con grandisima fiesta, y risa, y otros á cogerles las capas para el vencedor; pero era obligado á hacer ciertos sacrificios al Idolo del trinquete, y piedra, por cuyo agugero metió ]a pelota.

Visto este modo de meter la pelota, que a los Jugadores parecía milagro, aunque era á acaso, decian, y afirmaban, que aquel tal debia de ser ladrón, ó adultero, ó que moriría presto, pues tanta aventura habia tenido, y duraba la memoria de esta victoria por muchos dias, hasta que sucedia otra, que la hacía olvidar. Cada trinquete era Templo, porque ponían dos imágenes del Dios del Juego, y del de la Pelota encima de las dos paredes mas bajas, a la media noche, en un dia de buen signo, con ciertas ceremonias, y hechicerías, y en medio del fuelo hacían otras tales, cantando romanzes; luego iba un Sacerdote del Templo mayor con ciertos Religiosos á bendecirle, decía ciertas palabras, echaba quatro veces la pelota por el juego , y con tanto quedaba consagrado, y podían jugar en él, y hasta entonces no. Ello se hacía con mucha autoridad, y atencion; porque decían que iba en ello el descanso, y alivio de los corazones. El dueño del trinquete, que era siempre Señor, no jugaba pelota, sin hacer primero ciertas ceremonias, y ofrendas al ídolo del Juego de donde se verá quan supersticiosos eran, pues aun halla en las cosas de pasatiempo tenían tanta cuenta con sus ídolos. A este juego llevaba Motezuma á los Castellanos, y gustaba mucho de verlos jugar; y también se holgaba de verlos jugar á los naypes y dados.”

El mateix diari continúa publicant mesos més tard (24/11/1781), la descripció del segon viatge que Francisco Pizarro va fer al Perú el 1541. El Joc, previssiblement amb les regles de Castella, ja s’havia establert a la costa del Pacífic: “Sabiendo un día que un Soldado acababa de perder su caballo, tomó una barra de oro de diez marcos (la edición de Amberes pone diez libras) y se fue al juego de pelota, en donde hacía cuenta de encontrarlo, para hacerle este regalo por su propia mano. No encontró al que buscaba; pero algunos amigos que no esperaba hallar en este lugar le propusieron un partido de pelota, que aceptó sin reflexionar. La barra le hacía peso en el bolsillo; y sacarla era frustrar su intención; por lo qual resolvió jugar con esta carga, alegando algun pretexto para no quitarse el vestido. Este exercicio duró tres horas enteras, pareciendo al fin el Soldado, lo llamó aparte, y !e dijo despues de haberle causado alegria con su regalo, que le hubiera dado con gusto tres veces mas, por haberse libertado de lo que habia padecido esperándolo.”
