“Velocífer” és un terme que s’utilitza com a sinònim de “velocípede”. El velocípede va ser un tipus de vehicle de transport personal de tracció humana que va ser precursor de la bicicleta moderna. Es caracteritzava per tenir tres o més rodes i ser propulsat pel pedaleig de l’usuari. Els termes poden variar en el seu ús segons la regió i el context històric.
Consta des de 1817 que la llibreria ja estava establerta al carrer Regomí, anomenat després “del Obispo”, a nom d’un Joan Oliveres, probablement el pare, on també es venien pólvores per a ennegrir les canes dels Dandys (18170819 Diario de Barcelona, p. 3).
Sent aquell any 1864 editor de Goethe a l’espanyol és de suposar que la família seria receptiva a les darreres novetats d’Europa, i entre elles sobre el Velocifère. O potser dels Estats Units.
Com a imatge tenim la il·lustració del fullet, i prou. No he pogut trobar res semblant d’aquella època, i sembla més aviat el xassís dels automòbils que trenta anys més tard es popularitzarien, ja amb motor.

La màquina apareix pels carrers de Barcelona un dijous de febrer del 1864, i causa la natural sorpresa: “—Recorria ayer tarde las calles de Santa Ana, Condal y otras de nuestra ciudad un coche sin caballería, que era conducido con una facilidad asombrosa, logrando llamar la atención de los curiosos. El director del vehículo era á la vez conductor á beneficio de un mecanismo que estaba encerrado dentro del carruaje. Según nos aseguran algunas personas que lo vieron de cerca, aquel coche corre con una velocidad extraordinaria.” (12/02/1864 El Telégrafo, p. 2)
Aquell cap de setmana Oliveres va mostrar les prestacions del velocífer a la Plaça Reial: “Recorría al mismo tiempo todo el ámbito de la plaza un coche mecánico que conducía a dos caballeros y dos señoras. Eran notables su velocidad y ligereza, y su forma elegante. En las revueltas marchaba bien y doblaba sin esfuerzo los cuatro ángulos del pórtico. Es el mismo coche de que hablamos á nuestros lectores el viernes último por la tarde. Muévese por medio de unas palancas que impulsa el conductor con las manos o con los pies, á su voluntad. Una palanca da dirección al carruaje, otra le sirve para enfrenarlo en los declives, y dos mas son las que obran para hacer marchar el coche mecánico. Su velocidad cambia según el estado del piso: anda 6 kilómetros por hora en el suelo convexo, 10 en piso llano y hasta 12 en empedrado ó afirmado en buena conservación. De dichos aparatos creemos ha conseguido privilegio el señor don Juan Oliveres.” (15/02/1864 El Telégrafo, p. 1)
A mitjans de maig va elaborar una campanya de màrqueting, editant un flyer i començant a fer publicitat en premsa: “Los Velocíferos o carruajes mecánicos, suspendidos con muelles, sin motor de aire, vapor ni caballerias; su utilidad; sistema; ventajas; figura y descripción; modo de servirse del carruaje; ruedas; velocidad; subidas – Nueva e importante invención con privilegio exclusivo de S. M. Un cuaderno en 4º, con el dibujo de un carruaje. Se hallarán en la librería de Oliveres, calle de Escudillers, 57. En la misma se daran noticias para la adquisición de carruajes.” (05/05/1864 Diario de Barcelona, p. 21)
El primer velòdrom? autòdrom? de Barcelona
Un cop li donen autorització administrativa s’instal·la en uns terrenys del passeig de Gràcia, construint al nostre parer el primer autòdrom-velòdrom conegut de la ciutat: “LOS VELOCÍFEROS. – Hipódromo para el ejercicio, carrera y manejo de dichos coches mecánicos de nueva invención, movidos sin motor de aire, vapor ni caballerías, con real privilegio esclusivo – En los jardines del Tivoli, paseo de Gracia, hoy, desde las siete a las diez de la noche – Precio de entrada al Hipódromo un real por persona, y para los que quieran ejercitarse en el manejo de los mismos, dos reales por carrera de diez minutos de duración. Las tarjetas se expenden en el cafè del mismo establecimiento, y en la librería de Oliveras, calle de Escudillers, n. 57.” (06/06/1864 Diario de Barcelona, p. 2)
Durant aquell estiu es devia passejar per tota la ciutat, tot preparant l’assalt a la Villa y Corte: “—Uno de estos últimos dias era conducido por las calles de Barcelona un magnífico carruaje velocífero, elegantemente pintado y cubierto de terciopelo, que, según se nos dijo, fué construldo con destino á ser conducido á la corte, para presentarlo á S. M. la Reina.” (17/07/1864 El Clamor-publico)
El primer dia no devien comprar gaires entrades, perquè el preu per cada tomb va baixar de dos rals a un l’endemà i següents. Entre finals de setembre i primers d’octubre va presentar el seu invent a Madrid: “…se hizo en el Prado una prueba del Velocifero traído á esta corte por D. Juan de Oliveres. Después que recorrió perfectamente aquel paseo, regresó por las calles de Alcalá y del Carmen, donde tuvo ocasión de examinarlo el conde de Belascoain, que se retiró sumamente complacido de la ligereza y buen gusto de aquel carruaje.” (El-Pensamiento-espanol-Madrid-1860-3-10-1864)
Dos anys després, sense poder confirmar la identitat del conductor, sabem que un exemplar de velocífer voltava pel Bages: “Dice El Manresano: El jueves, dia de Todos los Santos, vimos en la carretera de Vich un elegante coche construido por un industrial de nuestra ciudad: iban en el coche dos personas y en breve tiempo se trasladaron al vecino pueblo de San Francisco de Bages, donde la nueva màquina movida sin auxilio de caballerias, causó la admiración de aquellos vecinos.” (06/11/1866 Diario de Barcelona, p. 3)
A l’estiu de 1868 tornem a trobar el rastre d’un velocífer anònim: “En la noche del sábado vimos circular por las calles de esta ciudad, y por cierto no de las mejor empedradas, un velocífero ó velocípedo que nos pareció que tenia una nueva forma, y que su conductor lo guiaba con la mayor facilidad y llevando una marcha bastante ràpida a pesar de los inconvenientes del piso.” (31/08/1868 Diario de Barcelona, p. 3)
No consta cap més activitat d’Oliveres relacionada amb velocífers. Perquè devia fracassar? Segurament, perquè una bicicleta pesada no s’adaptava gens bé a les muntanyes russes que eren els ferms de les carreteres catalanes i espanyoles de l’època. I a les ciutats el nivell d’exposició pública no era pas prudent. Els carrers no eren segurs.
Com a mostra, el detall: “No es mío. – Los municipales recogieron ayer un coche velocífero que encontraron abandonado en mitad de la calle, depositándolo en el cuartelillo sito en los bajos de la casa de la ciudad.”(16/04/1867 La-Corona) No sona com el primer robatori d’una bicicleta a Barcelona?
Salut.
